Hace tiempo me había decidido a escribir cartas sin destinatario real. Acá se va la primera.
En tu 70mo aniversario; en tu día, hoy.
Esta es nuestra línea de tiempo:
Me hacías caballito hasta que te dolía la pierna, dibujabas pitufos para que coloreara y en la mesa sentada a tu lado me acariciabas la parte interna del brazo derecho, tu favorita.
Compartiste tu amor por la literatura y el cine, me abriste las puertas de tu gran biblioteca y me permitiste empezar a descubrir el mundo dejándome ver las películas que quise hasta la hora que quería, sin importar qué edad tenía.
Charlabas conmigo al volver de la escuela, te contaba mi día de pe a pa. Después de a poco empezamos a discutir, especialmente durante los almuerzos de fin de semana.
Odiaste a mi primer novio y dejaste de abrazarme hasta que desapareció. Fuiste social y correcto con el resto; sin duda no te convencían mucho.
Soportaste a la típica adolescente que fui, me dejaste ir y recibiste a la m que conocés hoy. Una parte tuya está muy orgullosa; otra más grande no me entiende. Así, de a poco, tuvimos cada vez menos cosas que compartir y menos temas para charlar. Me dicen que es el proceso natural de la vida: madurar y separarse de sus padres.
Confías y crees en mí, como siempre, y me apoyás en todo lo que decida emprender.
Amigui, me encantó la carta y siento que en algún lado parece escrita para mi abuelo… gracias por compartirla.