Archivo para 8 febrero 2008



Xin nian kuai le

Este post es riesgoso porque pongo en peligro mi verdadera identidad, pero no me pude contener.

¡Bienvenido el año nuevo chino de la rata de tierra!

Mi ratita está sentada de frente con los brazos abiertos y una especie de sombrero mejicano entre las piernas. ¿Me deparará un viaje a México, un amor mexicano, mucho tequila, para este nuevo año?  ¡Aguante el rojopasión!

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Para que acompañe

porque la única web con la que logré musicalizar no lo tiene a Gabo, gran compañero para momentos como este

El dijo, ella dijo

Hace un año le escribía a el:

Vos, ni aunque yo te lo explique, ni aunque intentes entenderlo con esa sensibilidad no masculina que tenés, no podrías llegar a comprender lo que significas para mí, y no sólo por los sentimientos que tengo hacia vos, sino por haberme permitido conocerte, amarte, empezar esta relación con vos. Porque yo toqué fondo en cuanto al amor. Y no hay nada peor para una persona que puede ser muy ingenua, muy soñadora y romántica si se quiere, demasiado sensible, que la desilusión, la frustación personal. Y porque abogo por la honestidad brutal y la fortaleza de espíritu es que te topaste con la m que conociste: esa mina fuerte que va para adelante, que está en mil cosas. Pero si hay algo que puede paralizarme es sentir esta confusión interna, que provoca esos altibajos emocionales, físicos, de humor, que vos tanto rechazás.

Te voy a explicar la razón: tus cambios (sí, no soy la única volátil en esta relación). Porque me reclamás que no soy demostrativa, que ‘me pasa algo’ cuando te hablo apurada o desconectada (porque estoy en medio de algo o muy probablemente trabajando), que es demasiado temprano para hablar de x tema, que cambie el tonito, pero vos no te das cuenta de que serás más estable en estos aspectos, pero también tenés tu dualidad. Yo sé que es válido: ¿quién es tan coherente? Pero por lo que me pasó, por como funcionan mi mente y mi corazón, entonces dudo sobre la genuinidad y la realidad de lo que tenemos. Me digo que si no lo es, entonces yo no voy a hacer sacrificios, no te voy a incorporar a toda mi vida, no me voy a adaptar todo el tiempo para nosotros. No me gusta lo que provocan estas respuestas tuyas en mí, en estado de ánimo y en pensamientos. (…) Yo siento que vos no pensás así; que en realidad no pensás mucho estas cosas siguiendo tu costado sí bien masculino. No te estoy pidiendo que cambies tu manera de encarar las cosas, sí quizás un poco más de empatía. Siento que si no ponemos estas cartas y algunas otras sobre la mesa ahora, entonces van a saltar dentro de unos años de una manera irrecuperable.

Pero él ya había publicado:

Nuestro amor es un anillo de plata oxidado por la
humedad de un viejo estante del cual nunca salió,
son los minutos felices de una vida eterna
llena de interminables decepciones
y recurrentes angustias premoldeadas a tu gusto.
Son las ganas de escapar y caminar hacia ninguna parte
disfrutando de esta tarde opaca.
Son los desencuentros oportunos de confusiones irrelevantes
de errores simulados, espero que de ambas partes.
Es la discusión cotidiana sobre nada, interminable, agobiante,
donde nunca hubo acuerdos.
Es el estado de cautiverio de un animal predador mudado
en sumiso, que busca volver a descuartizar a sus victimas, que
cuanto mas inofensivas mas tentadoras.
Es la continuidad por la falta de iniciativa, de estancamientos
mutuos en situaciones muy disímiles pero con extrema comodidad.
Es un cuadrado perfecto con los lados desiguales por anhelos distintos,
unidos por líneas punteadas cada vez mas difusas.
Es el pañuelo que despide un tren vacío
que no va a volver, pero a nadie le importa,
vendrá otro tren, y tampoco importará.
Al parecer, nuestro amor es cada vez
mas parecido a todos los amores que conozco.

Extraído de Nuestro amor (Primera parte del olvido)

Ausencia

Estoy sentada en la silla de la misma mesa del café donde te vi por última vez. Vengo de pasar por la vidriera del local donde nos cruzamos por primera vez; por la vereda testigo de nuestra primera conversación y las primeras miradas, tan intensas; por las calles de este barrio que fui descubriendo, tan despacio como nos fuimos conociendo y tan poco como me permitiste llegar a vos.
Es la misma sala, casi el mismo asiento, del cine en el que no pasamos suficiente tiempo. Igual que en reuniones familiares o fiestas de amigos, o cualquier otra salida, salvo recitales. De repente estoy en este departamento que nos quedaba chico y ahora es demasiado grande.

Y puedo sentirte, porque todavía estás dentro mío, muy a mi pesar. Pero ya no puedo verte, porque tu recuerdo se va desdibujando, tan rápido como este sentimiento. Ya no estás, finalmente lo entiendo.