Archivo para 27 octubre 2010

Love Story

En el porqué de este blog dice algo sobre contar historias. No es que mi vida no esté llena de ellas -¡si todo lo que nos pasa es narrable!- es simplemente que muy pocas veces tuve el tiempo para sentarme a escribir cuando todavía estaban lo suficientemente latentes como para compartirlas. Y sí, qué le voy a hacer: no soy una escritora nata; necesito sentir que el acontecimiento me provoca algo para poder transmitirlo de una manera medianamente  interesante. Lo habrán notado en lo desparejo de mis textos.

Ahora bien, tengo una historia de aquellas. Viví una de esas historias que sólo vemos en las películas, muy digna de ser contada. Probablemente mucho mejor de lo que sigue, un poco porque ya voy despegándome emocionalmente y otro poco porque el único disparador de que encuentre un lugar en este espacio es la amistad. Tengo unxs muy pocxs amigxs que saben quién es m en realidad, que saben de la existencia de cuentaspendientes. Y sucede que están lejos -físicamente. Y tengo muchas pero muchas ganas de contarles con lujo de detalles mi última historia de amor.

m tenía que ir de Barcelona al sur de Austria utilizando la ciudad más económicamente conveniente. Encontró un vuelo de esos de bajo costo a Munich, ciudad que no pensaba visitar a pesar de su fama histórica y cervecera. Se alojó en el primer hostal que encontró online y como no tenía mucho tiempo decidió hacer el city tour gratis que ofrecía el mismo lugar. El destino empezó a operar, porque MrR tampoco tenía pensado pasar por Munich ni solía hacer city tours (o al menos eso le diría a m horas después).

Enfrente del reloj de la plaza, mientras el guía explicaba vaya uno a saber qué, sus miradas se encontraron por primera vez. m hablaba en castellano con un empecinado compatriota latinoamericano pero que permitió que MrR se acercara a hablarle en español (¡con buen acento español!). Tour terminado, grupete termina en cervecería: MrR y m sentados uno enfrente del otro descubren -ya en inglés- que aparte de la química hay muchas otras cosas en común y hablan y hablan, de viajes y literatura, de estudiar y trabajar con la lengua, de qué es importante en la vida y nos hace felíz. El grupete arregla reencuentro para seguir el tour, esta vez de cervecerías. MrR y m siguen hablando y hablando y ya no se despegan, hasta que sus bocas hacen algo más que hablar y la conexión es tan fuerte que llegan a hacer planes de escaparse. En cambio, pasan la noche juntos en un hotel y a la mañana siguiente bien temprano cuando m tiene que irse (a tomar un tren, sí, muy a lo Antes del amanecer) deciden intercambiar datos de contacto (porque estamos en la era del email y skype y los mensajes de texto internacionales, no a mediados de los 90 como Celine y Jesse).

Pero ocurre que MrR se vuelve racional y en la comunicación virtual de los siguientes días le dice a m que mejor no engancharse si viven en ciudades tan lejanas, que cómo seguiría esto, y demás excusas. m devastada al menos está justo en pleno fin de semana largo rodeada de amigos y mucho cariño. Hasta que llega a su último destino apenas unos días antes de emprender la vuelta, y tras días de aislamiento amistoso en los Alpes, se reconecta con el mundo cibernético y encuentra múltiples mensajes de MrR, que no quería arrepentirse y que ya se había subido a un tren para ir a encontrarla, y demás cosas hermosas que tan bien sabía asimismo decirle en persona. A pesar de la angustiante espera, retraso vial incluido (¡porque los trenes también se retrasan en Europa!), el reencuentro y las 33 horas compartidas en la maravillosa Salzburgo fueron increíbles. Hasta aquí, una romántica historia de amor alrededor de andenes en ciudades germanas.

Frase

Desde el viernes, tengo una frase retumbando en la cabeza. En realidad, quiero gritarla a los cuatro vientos. Si hasta tiene formato de estado de Facebook, pero no me animo a publicarla; ni a decírselo a los míos -es tan triste. Mi psicóloga diría que soy yo la que tiene que cambiar la puntería.

Estoy harta de que no me elijan.

Quiero ser la amiga de Sally a la que el amigo de Harry le dice: ‘You will never have to be out there again’. Aun cuando sigo odiando los falsos finales hollywoodenses.

Mudanza

Estoy en plena mudanza: la clásica externa (salvo por la diferencia de que todo en lugar de irse a un nuevo depto, terminará en una baulera); y la no tan reconocida interna. Pensando qué hacer con mi vida, adónde ir; si es escapar o elegir destino. Y en el medio, el necesario orden de las ideas y las pertenencias.

Dostoyevsky dijo en Apuntes del Subsuelo (lamento no contar con el original para dar el crédito correspondiente a su traductor):

“Juro, caballeros, que ser demasiado consciente es una enfermedad, una verdadera y acabada enfermedad.
[…] La inercia me dominaba. Ustedes saben que el fruto directo, legítimo, de la conciencia es la inercia, esto es, ese consciente estar sentado con las manos una sobre la otra. […] Todas las personas “directas” y los hombres de acción son activos simplemente porque son estúpidos y limitados. […]
Como consecuencia de su limitación toman las causas inmediatas y secundarias por las primarias y así se convencen con mayor rapidez y facilidad que otras personas de que han encontrado un fundamento infalible de su actividad, y su mente queda en paz y uno ya sabe que eso es lo principal. Para empezar a actuar, primero es necesario tener la mente completamente tranquila, sin un sólo rastro de duda. ¿Cómo puedo lograr que mi mente esté tranquila? ¿Dónde están las causas primarias a partir de las cuales he de construir? ¿Dónde están mis fundamentos? ¿Dónde he de conseguirlos? Me dedico a reflexionar y, siendo consecuente conmigo mismo, cada causa primaria de inmediato arrastra tras de sí otra más primaria, y así infinítamente. Tal es precisamente la esencia de toda consciencia y reflexión”.

Y mi sabia amiga M me escribió, vaya uno a saber cuándo en todos estos años de amistad:

¿No tiene razón en pensar que los que piensan están destinados a que su mente nunca esté en paz?
¿No es un precio razonable por poder entender un poco más las cosas? ¿O habrá que pensar menos? ¡Qué dilema! ¿No?